La nada y el tiempo

5 – Febrero – 2017

Tengo el cuerpo lleno de calor. Me gusta. Odio el frío. Soy sensible al frío.
Sensible a lo físico y lo emotivo, si. Sensibilidad a flor de piel.
Esto me lleva también al odio extremo en ocasiones y casi siempre se vuelve contra mí mismo.

Acabo de bañarme y ducharme con agua caliente. De siempre he sentido el agua como un placer con poder liberador aparentemente simple y tremendamente fuerte.
Mi cuerpo está ahora muy relajado excepto una pequeña parte con dolor porque el baño no fue todo lo bien que deseaba… no sucedió lo esperado…
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El agua me cubría por completo y me sentía ligero (todavía más) mientras trataba de situarme en el hiper-espacio. Cuando casi lograba mi meta sonidos broncos de edificio y vecinos riñendo me obligaron a retornar a la tierra.
Tiré el agua. Cataclismo ecológico que siento pero …
… sé que volverá a suceder antes o después.

Luego, para lavarme usé la ducha y puse el agua casi hirviendo.
Lavé y lavé. Jabón, jabón… frotar … aclarar … jabón … frotar …

(qué bien huele)
De pronto me sentí muy triste. Asqueroso.
Vuelven los recuerdos.
De cuando tenía 12 años o menos o más:
Bañera llena de agua casi hirviendo.

Entro en ella despacio (quema) y solo asoma la cabeza. 
Me quedo ahí quieto un buen rato y hasta que empiezo a sentir mareo…

… qué cosas ha hecho uno.
Me he puesto en pié y he salido de la bañera.

Cojo jabón y me lo doy por todo el cuerpo. Luego toca esperar a que se seque.
He pensado que así la piel lo absorberá y estaré muy limpio.

¿Tan limpio que todos me verían de otra manera?
No lo sé, esta pregunta me la hago ahora. Entonces no.
Joder, tenía 12 años.
Cuando siento la piel seca y tirante, es el momento de entrar en la bañera de nuevo.
El jabón se desprende.
Tumbado en la bañera, curvo la espalda y asoma sólo mi pene. 
Está erecto.
(Qué sucio sigo, pero por dentro)
Los niños no deberían tener erecciones, ¿o si?

No lo sé ni quiero saberlo -ya da igual-.
He frotado con piedra pómez la piel y me escuece y pica todo el cuerpo.
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Así muchas veces. Así demasiadas veces.
Así lloré muchas veces porque uno de esos días, con el cuerpo seco pero cubierto de jabón, miré al frente y me reconocí en el espejo.
Nunca me había mirado con atención. Odio los espejos. Y las jodidas fotos de la porra donde aparezco. Pero mucho más odio los estúpidos espejos de mierda.

Así supe que estaba loco.

Loco. Como una puta regadera porque, ¿quién coge la lima de raspar los callos y se lo aplica la piel normal? ¿para qué va un muchacho a hacer eso?
¿Porqué se mete por atrás el mango imaginando que está siendo forzado cuando lo odia y termina llorando loco de incomprensible desesperación?
Loco de una locura que nace del interior y sale hacia fuera.
Muchacho loco tildado incontables veces de loco por su padre y por casi todo el mundo luego y también antes.

¿Sabeis? El pene de un niño no eyacula normal. No tiene orgasmo, pero un ¿buen? ¿mal? día, sale algo así como un agua blanquecina muy suelta. Uno se siente muy mal después de casi destrozarse el pene para llegar a eso… ¿y qué es eso? nada. ¿Cómo aprende esto? Ni idea.
Uno sabe que no está bien de la cabeza al verse en un espejo lleno de jabón reseco y lo recuerda hoy, como tantas veces.
Hay que estar limpios.
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Antes me visitaba la nada.
La nada te rodea y envuelve.
Te quedas en blanco mirando nada y el tiempo se detiene.
A la vez que tienes tristeza y un dolor hueco, el tiempo se paraliza y todo está bien.
No sabes cuánto tiempo exterior pasa mientras dentro estás inmóvil, pero no es mucho.
Durante los intervalos que estás ahí, aparentemente tan vacío como la misma nada, algún pensamiento se cruza fugaz.
Es un pensamiento sobre tu odio interior y el deseo por la muerte.

Odiarse uno mismo es algo sumamente estéril en lo positivo y frenéticamente fértil para lo oscuro y negativo.
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Todavía tengo calor dentro.
No sirve de nada lamentarse de lo pasado.
Tengo tensión acumulada. Tengo dolor.

Tengo recuerdos de ese mismo dolor en otro tiempo.
Temporadas de 7 veces al día y temporadas de 15 días de abstinencia hasta sentir dolor.
Hay quienes tienen sueños húmedos. Yo no.
Yo pensaba que el semen se acumulaba hasta explotar si no se ponía remedio. Que la carga solo podía aumentar.
Hace pocos años supe que lo no expulsado se vierte en la vejiga. La naturaleza es sabia mientras no aparezca la inteligencia o la sinrazón para tratar de modificarla. Hay cosas que no se buscan en internet porque uno se cree sabedor autosuficiente.
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Pero aunque estoy limpio por fuera, sigo estando sucio y loco por dentro.
Voy a ponerme mi máscara de mierda.
Es una mierda de máscara porque todos ven en ella la piltrafa que hay debajo.
Sólo daría miedo o respeto mi puta y jodida amiga la locura.
Pero creo que la tengo atada.
No va a salir jamás de por ahí dentro. Aunque a ratos asome la nariz.
Ratos como este.
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El tiempo reanuda su vuelta al espacio y las dimensiones cobran sentido empujando a la nada a su despacho cero remoto.
No comprendo cómo la nada y el tiempo pueden coexistir despreciando todas las leyes de la física.
Un niño grande me engañó para jugar un juego nuevo y secreto.
No comprendo cómo dos niños juegan con el sexo de forma más o menos inocente (¿hay ingenuidad en la preadolescencia?) y terminan saliendo uno por la puerta de la locura, la baja autoestima, la debilidad general y el otro por la de la autosuficiencia, el dominio, el adonismo y la superioridad moral.
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A pesar de todo soy un tipo con muchísima suerte.
La vida me regaló una esposa y una hija maravillosas a las que debo agradecer que hayan querido ser el centro gravitatorio de mi mundo.
Y con un sol de perro muy majo y … ¡¡¡ casi tan loco como yo !!!
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Editado: 11-02-2017
No sé… quizá lo que pasó es que ambos niños ya nacieron así y no quiero aceptar que soy esto. 
Y aunque “esto” parece indicar una falta de acceso al vocabulario o un no querer llamar a las cosas por su nombre, es la palabra apropiada.
Esta cosa soy. Esto. Un espíritu pobre que nació por demás sensiblero que no sensible y de perfil bajo, de escasas miras y tan elevados valores que son inalcanzables y provocan la total falta de conformidad con la realidad.

Al menos el perro cree en sí mismo y las chicas en sí mismas.

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Personas que no hablan

“Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.” Neruda

 

The Sound of Silence from Paul Frederick on Vimeo.
No es fácil explicarlo y no quiero.Vuelvo a este vídeo y esta canción cuando ya duele el silencio para averiguar porqué callo.

Nada. Nada en el mundo puede significar mucho más que sentir la belleza natural.

Ninguna palabra hará vibrar nuestro cuerpo como en la tormenta.

El valor de un “Te quiero” es irrisorio comparado con el calor de tu cuerpo silente junto a mi.

180 palabras por minuto. ¿Para qué? ¿De verdad es necesario ese discurso?

Desde quienes tienen mucho que decir pero su verborrea suena hueco hasta quienes escuchan, observan y comunican sin abundar ni repetirse desde el denso fondo del pensamiento inteligente.

Personas que hablan para engañar, mentir, ordenar y acallar o doblegar y dirigir, anular …

… y terminar haciendo daño.

Personas que no hablan, no engañan ni esperan mucho de nadie pero de pronto te sonríen e intuyes un tipo felicidad que suele pasar desapercibida.

¿Porqué fingir sobre lo que somos? Si me molesta estar rodeado de gente …

¿Cómo no preferir antes todo lo que no está en las personas?

¿Cómo no encerrarse en uno mismo y apartar con la mano a los demás?

¿Cómo al mismo tiempo quererlos a todos distinguiendo a los buenos?

La frecuencia donde vibra mi visión no es la sintonía de la mayoría y mi voz …

… mi voz en algún momento será como un susurro sobre el sonido del silencio.

¡Excepto cuando salga de mi voz algún berrido o un eco repetido de la tuya!

(Vaya. Parecía que había quedado tan bonito…)

 

 

Tampoco redes sociales

Socialmedia-pm-Tú y yo tenemos que hablar seriamente.

Redes sociales. Bloges. Twitteres, pinterestes, facebookes, Googles+, youtubes, instagrames, whatsappes.

-Pasas mucho tiempo en el ordenador. Algo me ocultas. Seamos sinceros. Vamos a hablarlo.

Taparse con una manta la cabeza no sirve. ¿Es tonto el que hace o dice tonterías?

¿Decir que comento en blogs? ¿Que respondo a textos ajenos y en casa no respondo?

¿Que escribo miserias en un blog que sabe a pan sin sal?

¿Que pretendo aportar algo a un vídeo y no sé para qué?

¿Que quiero animar a otros y no lo hago conmigo mismo?

Comentarios que me funden las pocas ganas de expresar. Aportaciones que llevan horas mientras descuido labores de minutos.

Palabras como granos de arena precipitándose a un abismo cibernético para confundirse entre tantas otras de un desierto en crecimiento constante. Un sin fin de granos de imagen, texto, sonido que engloban la estupidez absoluta, el insulto, lo más fútil y en muy escasas ocasiones lo genial. Todo mezclado, todo perdido.

-Si yo no necesito nada de eso. Ya no vuelvo a tocarlo.

-No. No se trata de eso.

Yo no necesito la redes sociales. Yo no necesito amigos. ¿No necesito a nadie?

-Podemos arreglarnos. Darnos un tiempo.

-Yo sólo quiero estar contigo. Hago todo lo que puedo …

Yo no necesito amigos. No tengo amigos. Sin ti no necesito siquiera la vida.

60 – 4 kilos en 4 días = 56. Qué tiempos cuando 52 -tan terribles- quedaron atrás.

Tiempos de psiquiatras que se comen las uñas hasta herirse.

De psicólogas que de pronto se enfadan conmigo y yo con ellas:

-Seguro que te gustaría tocarte la columna desde el estómago, ¿eh?

Qué mala broma de psicóloga.

-Seguro que cuando te cruzas con alguna chica piensas “A esta me la follaría yo”

-¿¡Pero porqué dices eso!?

-Perdona, perdona. Era una broma

Que mala psicóloga. Qué mundo más asqueroso. Qué complicado lo hemos vuelto.

No se me dan bien los grupos. No se me dan bien las redes sociales.

No se me dan bien las personas. No son elles. Son yo.

Cómo no iba a ser yo si no conozco otra cosa. Inteligencia. Test Rist.

-Se usa para medir la tierra desde un polo al otro y pasa por Greenwich.

-¿Latitud? no me sale, no me acuerdo.

Meridiano.

Está todo claro y meridiano. Si una respuesta fallada me supone varios días de pesar, qué no supondrá un problema realmente importante. Quizá menos. No sé valorar ambos problemas. La tontería se convierte en obsesión y los temas vitales en triviales. Cerebro de mierda.

Iros a tomar por el puto culo, redes sociales.

 

La mirada de la carne

Ojos_en_calavera2

Imagino dos globos oculares humanos con su distancia y orientación natural flotando con luz en la casi nada y mirándome. Son dos pupilas azules las que siguen el juego contenido en sus continentes.

Los ojos son sensores, captan la luz. Ya. Pero ahí no está la mirada que se clava en los poemas.

Como dice Teresa Domingo Catalá en “Tus ojos”:

“Tus ojos me desnudan lentamente. Poco a poco se va uniendo tu mirada en la desnudez que me transciende. Desnuda soy la más hermosa, porque tus pupilas me entregan la belleza. Soy para ti, para que juegues con mis dedos, para que respires el aire que respiro, para que la sangre se encabrite como un potro abandonado, para que surja el rojo de la guerra y entre los muertos te encuentres con mi pelo. […]”

Pero sigo viendo esos ojos de oculista o de médico de la vista que no me dicen nada. Por si acaso, coloco ambos en unas cuencas oculares de calavera. La muerte tiene unos ojos horrorosos y su mirada ha pasado a ser tan expresiva como un carámbano. Visto el error añado toda la carne que falta con su piel y músculo, sus cejas y pestañas, color y nada de género. ¿Quién habló de género?

Resultado: Una mirada sin definir que tampoco dice gran cosa. Pongo dentro del tarro un cerebro y todo ello sobre un cuerpo y ya tengo todo el animal humano al completo ¿Veo algo en su mirada? No sé tú pero yo no veo nada. Ay, espera. ¡CHAS! la chispa adecuada: la vida. Un ser vivo que siente, mira curiosamente, se mueve, escucha … ya va habiendo algo. Por aquí vamos cerca de la solución. Caliente, caliente.

Es decir. La mirada sirve para ver pero la carne es la que nos habla del … ¿corazón? o de la mente que maneja vista y rostro.

Vamos a romper en pedazos las miradas. Dejemos de amar buscando las miradas.

No quiero que me mires a los ojos.

Quiero que tu carne, tu ser al completo, llámalo como prefieras, me diga con pocos gestos y modo  amable la forma en que me ama o me respeta o quiere molestarse en conocerme.

Quiéreme pues, si te apetece, sin esta mirada mía tan pobre, tan miope como torpe.

Si lo deseas puedes apreciarme por cuanto soy pero desiste si esperas sentir en mi carne el reflejo de mis afectos por ti. No será la forma de cariño que esperas y, sin embargo, con el tiempo necesario, quizá encuentres más de lo que cabría esperar.

Hoy me he visto de nuevo en la obligación de explicar las posibilidades del mismo aparato estúpido y evidente (y caro) ante un grupo en el que yo era el extraño. Me han preguntado porqué el botón de encendido tenía color rojo al apagarlo y he respondido: “No lo sé. Míralo en el manual.” Me han pedido que dejara de bromear diciendo lo pillo que soy cuando no bromeaba. Lo han visto como una desfachatez impensable que no se puede decir. Alguien se ha acercado demasiado, me ha tomado fuerte del brazo y aunque me he quejado todavía nos ha arrimado más y ha dicho cosas que no recuerdo tratando conectar conmigo delante de su grupo. Hubiera podido decir detalles de su rostro si lo hubiera mirado. Si no me hubiera agarrado. Si no estuviera su cuerpo pegado al mío.

Perdona mi silencio. Mi falta de visión.

Perdona mi ausencia. Mi inexcusable actitud.

Perdóname por ser una persona que no se sabe perdonar.

Déjame solo, déjame en paz. Disfruta tu libertad.

Yo ya no necesito más. Sin ti, ya no quiero nada más.

Cierra pálidos sobre mis ojos estos párpados cansados.

Y por último, borra todos tus recuerdos sobre mi …

… y déjate volar.

Memoria de una flor azul

“Una mentira que es una verdad a medias es siempre la más negra de las mentiras.” Alfred Lord Tennyson

 

Voy con el perro por el parque. Se detiene junto a un palo y lo olfatea. Veo una flor.
Una pequeña flor azul … ¿tiene memoria?

Mirando hacia mi con sus hojas pareadas, casi lineales, entre un haz de hierba y un pelotón de tréboles ovalados que me disgustan, parecía saludar la tierna flor.

Contexto: esta preciosidad es un detalle que ofrece el jardín público más asilvestrado que silvestre de mi barrio y sin dudarlo un segundo ofrece su variado menú de deposiciones caninas abandonadas, frescas, secas y a la sazón del conocimiento de sus amigos humanos.

La flor me mira y yo la miro a ella.
_ _ _ _ _ _  (nenaza) _ _ _ _ _ _

_ _ _ _ _ _Flashback:_ _ _ _ _ _

La empresa estaba cerrando. Dos niñas -hermanas- en la calle se divertían.

-Voy a comprarme unos gusanitos. -Digo tras el escaparate al verlas felices con sus enormes bolsas Risi sin ketchup de 0,35€.
-¿Para ver el derbi del Athletic y La Real?
-NO. – Un no grave, rotundo y espantado. Si pudiera fabricar eco sería un NO “caverna style”.
-Pues deberías ver más fútbol, que así quizá dejarías de ser tan nenaza.

No sé decir. Me quedo callado. Para él parece una frase dicha sin más. Pasa delante mio sin inmutarse, pero añade:
-¿Y no te apetecería salir con [vamos a inventar el nombre] Miguel de fiesta y cogerte una moña?
-No, no. – Pero… ¿estamos bobos o qué? si sabe de sobra. – El alcohol me sienta mal y yo no voy de fiestas y menos con un compañero de trabajo. – El tal Miguel se da por aludido:
-Oye, que tampoco te voy a hacer nada… – El otro vuelve a la carga:
-A lo mejor prefieres ir conmigo al parque con la niña a ver los patos…

Miro hacia el cielo pensando. No tengo duda sobre preferencia en el plan pero no tengo ni idea de porqué quiere compartir algo tan bonito. Me da tiempo para pensar.
-Pues a eso no me importaría ir … – Y se pone en marcha y se despide:
-Bueno chicos, me voy que me esperan en casa.

_ _ _ _ Fin de recuerdo _ _ _ _

Conclusión: Los hombres al cuadrado no son tan amigos de las flores. Lo son de otras cosas.

Avanzo por el parque de vuelta a casa.

Decido sentarme en unas escaleras y el perro se echa. Es que a él le gusta mucho estar tumbado al sol. A pesar del fresco de 10 grados el sol tiene algo de fuerza y estamos a la abrigada del viento.

Aquella flor tiene memoria. En su genética hereda recuerdos de sus antepasadas y su epigenética recuerda el día a día de su vida.

Nuestra memoria es otra cosa. Nuestro cuerpo comparte ese formato pero nuestra mente se parecece a un sistema cibernético, a un autómata natural. Es por eso que Dominika estudia la memoria humana. Porque quiere demostrar que no todos los cerebros funcionan igual. Somos nuestra memoria y cómo se gestiona lo es todo en un ser humano.

Una serie de sensores nos ponen en contacto con el entorno. Dicen que son 5. Si mujer alguno más.

Igual que los autómatas con sus sensores: detectan el paso de objetos en la cadena de montaje, los pesan o miden, los llevan, preparan y terminan siendo capaces de entregar un montón de quesos para curar si un maestro quesero suministra todo lo que necesitan y la ingeniera en programación hizo bien su tarea.

Muchísimo mejor que cualquier autómata a día de hoy, la madre de mi esposa preparaba un queso artesano estupendo de morirse bajo la emoción gúlica.

Sentidos, memoria, acción y reacción.

La memoria  de mi esposa permite saber el quién, cómo, cuándo y porqué de las personas pero tarda mucho en reconocer -si lo consigue- alguna de las muchas películas que vimos juntos.

Mi memoria es menos útil y no me permite generalmente saber ni recordar casi nada de las personas pero unos segundos de película me bastan para saber si la he visto.

Cuando leo espacios de mi memoria, se activan imágenes, sonidos, olores y se desencadenan caricias, dolores, risas y llantos que van desde los grandes errores cometidos a la felicidad de los juegos con agua, del amor y su éxtasis pasional tan sano y natural.

Un equivalente autómata sería el total descontrol de la máquina: su imperfección y tirar los productos al suelo, sus poderosos brazos articulados golpeando a la cinta transportadora cuyos motores hacen avanzar y retroceder mientras el sensor láser duerme porque su emisor pasa de él y el escaner láser 3D prefiere dibujar en la pared de la nave intermitentemente una flor azul, unas niñas y una mariposa a los pies de una hada para terminar con una interrogación enorme hasta su bloqueo.

No entiendo nada.

[08-10-2018] He preguntado si lo pasó bien en el parque con la niña. Me contesta que no fueron al parque.

-Pero me dijiste que ibas a ir al parque. – Y responde:

-Te engañe. – Le miro mover aburrido papeles de acá para allá. El no me mira y me marcho a hacer mis cosas sin penas, sin dolor (bueno, algo mosca estaba).

 

 

Mi primer amor adolescente (2ª parte)

[21-05-2008] Los años, las experiencias que recibimos en nuestra vida, deberían ser de utilidad para no caer en los mismos errores una segunda vez. No puede ser, que después de fracasar a la hora de aceptar el amor que buscaba, de forma tan extraña, haya una segunda equivocación. Si, porque con mi primera ilusión adolescente, tuve una segunda oportunidad. Era típico cuando contaba +/-17 años, celebrar fiestas con música, luces de colores, algo para picar y bebidas, en algún local familiar de algún amigo relativamente conocido. Y nos invitaron a una fiesta a la cual acudió mi querido amor, convertida en cocinera como consecuencia de mis desvaríos. Prefiero evitar todo tipo de fiesta, pero iba a estar ella. Y hubo música “disco” para bailar. Es una diversión magnífica para quien guste disfrutar de la música a través de un altavoz del tamaño de un garbanzo roto por la mitad y algo reposado en medio de penumbra, desorden y suciedad.

(Ay, no me aguanto ni yo mismo, siempre viendo los problemas en todo. Esperen que tome aire…)

Bueno, pues si el bailoteo era, en mi caso, un descoyunte de huesos bastante penoso, de pronto llegó la música de baile agarrao con la que podría mejorar esa imagen mía, entre esqueleto de clase de ciencias y muchacho asustado pisoteando una cucaracha. Yo lo que se dice bailar con una chica pues no lo había probado antes. Ni lo iba a hacer ahora. Así y todo mi amiga o más bien amor de mis sueños pidió a través de un amigo que fuera yo hacia la mesa donde ella se había sentado (no había sillas). No sólo se baila con la música lenta. Al parecer, estaba dispuesta a darme un beso entre las tinieblas de aquella cochera de barrio.

Mis amigos abrían los ojos como un búho cuando ve un ratón despistado. Ellos tenían la ilusión, las ganas e incluso la bebida que necesitaba yo para dar un paso al frente. Al verme dudar, trataron de animarme de forma sabia: “Aprovecha, tonto, que está borracha”. Pues no dijeran otra cosa. Mejor excusa en la vida hubieran encontrado. “No pienso aprovecharme de ella.” No, claro que no. Ella no estaba borracha. A mí me pareció mal o esa película me monté. Mis amigos, pobrecicos ellos, tan salidos que estaban ellos (bueno y yo) no daban crédito a sus ojos, que habían comenzado a hacer chirivitas. Y no hubo más oportunidades.

Cuando se lo conté a mi esposa espetó:

“Hay que ver de lo que se libró…” y no le falta razón.

[06-10-2018] Una de aquellas canciones era esta que me encanta de LA MODE, “El eterno femenino”. Me dicen personas de 30-y-tantos conociéndome sin conocerme, personas de cogorzas crónicas de hoy, que a buen seguro yo me drogaba porque era lo clásico en mi época de juventud. No he sabido socializar, no, pero sigo prefiriéndome lúcido y apartado que drogado y mal acompañado.

Mitos, mujeres, galgos y ciudades,
musas, pintores, gatos y novelas,
reinas, banqueras, hadas y estudiantes,
discos, estrellas, robots y japonesas.

Tienen ese algo misterioso
que daba miedo a Leonardo y a Amiel,
que sólo las minorías entienden,
que hizo a Warhol esposo de su cassette.

Sintes, hoteles, hormigas y serpientes,
indios, muñecas, películas y vídeos,
comics, revistas, literas en los trenes,
electrodomésticos y cajas de ritmo

Mi primer amor adolescente

1stlove[16-05-2008] Con el primer amor uno debería llevar la frente alta. Ningún temor al rechazo. Todo ímpetu sano e ignorante. Con 15 años el amor debe ser una palabra nueva a estrenar. Donde la ilusión debería ser lo primero, o puede que quizá el deseo debiera serlo. Con sólo 15 años mi amor adolescente fue nada más y nada menos que un amor platónico. Con 15 años el amor platónico debería ser por … qué se yo, la famosa o la guapa de turno… quien usted guste más. Es decir, alguien inalcanzable, como de una galaxia lejana que se ve tan sólo con un telescopio de los buenos. Entonces, ¿cómo es posible que un muchacho que no tiene vergüenza para hablar con las chicas, sea incapaz de decir: me gustas, quieres salir conmigo?.Lo mejor de todo sucede cuando pasan un par de años, y tu amor de ficción se entera de todo. De tus primeros poemas, del amor desconocido de un amigo, etc, y te dice: “chico, vamos a probar. Te invito a mi casa a comer mañana que no están mis padres”. Y vas a su casa con la ilusión desbordante de tus 17 años, aún ignorante de todo, o eso creía yo. Al convite acude una amiga común de nuestra pandilla juvenil. Y comes, mal que bien, porque comer será un placer, no lo niego, pero cuando el cocinero es un artista. Para lo demás basta con tener hambre y algo que llevar a la boca. Y aquí viene lo bueno. Nuestra buena amiga común, dice que se marcha para dejar solos a los tortolitos.

Por supuesto. Aquí viene lo mejor porque … ¿qué se puede esperar de una parejita que quiere dejar la amistad para probar si funciona el amor?. Pues lo normal por supuesto. Ella, con su cara tan simpática -su sonrisa era lo que más me gustaba-, me dice que me siente a su lado. Hace algo de frío y, sentada en el sofá, cubre sus piernas con el faldón de la mesa camilla del cuarto de estar. Me propone ver la tele a su lado. ¡Qué maravilla el simple hecho de estar junto a ella! Voy a estar tan juntito que podré sentir cómo respira, sus labios, sus ojos y esa sonrisa. Todo en primera fila. Ah, el amor. El amor es tan bonito cuando se desconoce… Creemos que puede sanarnos completamente. Que su torrente amazónico va a arrasar con todo lo malo que pueda haber en nosotros y de paso, llenarnos con su caudal infinito. ¿Qué puede ser el amor en un adolescente?. No, no me digan sólo hormonas, porque no vale.

Yo, decidí acompañar a la más común de nuestras amigas, a la que se batía en retirada de cortesía. Eso elegí en lugar de sentarme con ella allí, a su lado. Mi cuerpo ardía y tenía por aliada a la naturaleza, ambos en danza ritual. Insistió en que me quedara; la hacía sentir como la cocinera que me llenó la barriga y para eso no me habría invitado a comer. Que la comida no era el motivo de la reunión. (Menos mal, el san jacobo era una mezcla entre suela de zapato fría y cartón piedra mojado en mantequilla). Mi cuerpo ya había comenzado a suplicar también, para que me quedara allí. Hasta dentro de mi mente, algo me decía que no podía irme de su casa, porque la ocasión la pintaban calva para lograr mis deseos. ¡Qué barbaridad, por Dios!. Ese amor por el que tanto había estado suspirando en mi soledad. Pero en mi mente había “algo” que no funcionaba como cabe esperarse en un chico de 17 años. Me dejé dominar por un desconocido y cafre sentido de la extirpación psicológica que desde años atrás aguardaba para intervenir en uno de estos acontecimientos. Y amputé en mi mente, no el deseo y el amor, porque esto debía quedarse allí, para mi posterior tortura. Amputé mi voluntad. Sí. Esto es lo que me quitó mi pobre mente enferma.

Mis amigos no pudieron comprenderlo. Mis amigas tampoco. Ni yo mismo. ¿Alguien lo ha comprendido?. Sí, ahora sí tiene sentido. Duele, pero tiene sentido la falta de sentidos.

Si para recobrar lo recobrado tuve que haber perdido lo perdido.
Si para conseguir lo conseguido tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido, tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado. [Francisco Luis Bernárdez]